Cuidemos nuestros pies

Si crees que durante el invierno puedes cuidar tus pies menos que en verano, estás equivocado. Es la época en la que estarán encerrados en los zapatos, a veces pasando mucho frio u otras demasiado calor, ahí es cuando necesitan …

10.02.2017
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Si crees que durante el invierno puedes cuidar tus pies menos que en verano, estás equivocado. Es la época en la que estarán encerrados en los zapatos, a veces pasando mucho frio u otras demasiado calor, ahí es cuando necesitan más cuidados y atención de tu parte.

La piel de los pies, ciertamente es más gruesa que en otras partes del cuerpo, pero eso no quiere decir que sea más resistente. El invierno es el tiempo de una prueba difícil para ésta. En los pies hay  más glándulas sudoríparas que sebáceas, estas últimas protegerían la piel contra la pérdida de hidratación, así que es muy fácil que la piel se reseque y se vuelva áspera.

En los talones, dedos y plantares, aparecen durezas y a menudo grietas en la piel. Con las botas calentitas la piel no respira, suda más y la epidermis está muy dilatada. Esto provoca la aparición de un olor desagradable, infecciones bacterianas y hongos. También hay que tener en cuenta que los zapatos demasiado apretados pueden provocar problemas con la circulación sanguínea y el enfriamiento de los pies. Por ese mismo motivo hay que dar la misma importancia a los cuidados de estos durante el invierno como en verano.

Comenzemos los cuidados con un baño de agua caliente y un poco de sal (refrescará, nutrirá la piel, mejorará la circulación y ablandará la piel, por lo cual podremos exfoliarla con más facilidad). Para eliminar la piel muerta en vez de la piedra pómez es mejor aplicar un raspacallos o un peeling natural, que aparte de eliminar lo deseado, también va a hidratar y a nutrir. Cuando tengas los pies secos aplica la crema que contenga glicerina y manteca de karité (merece la pena hacer esto después de cada ducha por la noche).

Para evitar la excesiva sudoración con los zapatos de invierno es adecuado aplicar la crema con aceite de árbol de Té o crema refrescante por las mañana (contiene propiedades antibacterianas y antifúngicas). Durante el día se aconseja pulverizar  desodorante refrescante, el cual no sólo aportará un aroma agradable,  también combatirá el desarrollo de bacterias y hongos. El talco es la mejor estrategia para deshacernos del sudor, absorbe la humedad de la piel, pero puede dejar manchas blancas en la ropa.

¿Tienes problemas con la excesiva sudoración de los pies? Les viene bien un baño de hierbas. Una infusión de corteza de roble reduce la sudoración. La salvia y la manzanilla tienen propiedades antibacterianas, que proporcionan a las piernas una sensación de ligereza. Lava los pies en agua tibia para no estimular las glándulas sebáceas.

Los zapatos de piel son los mejores, pues la piel natural protege mejor contra el frío que la sintética. Siempre tienen que ser confortables, nunca deben oprimir  y tampoco tener las puntas muy estrechas,  esto puede provocar isquemia. Evita también los calcetines sintéticos. En el trabajo, es mejor hacer el cambio de  zapatos de invierno para otros más ligeros. Cuando los pies están muy oprimidos en calzado demasiado estrecho, es muy fácil llegar a desarrollar un problema bastante común, las uñas encarnadas. Si eres propensa a este problema, ten cuidado, no las cortes demasiado, siempre en forma recta y evita hacerlo en las esquinas.

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